Quince Veranos con el Macá Tobiano: Un Guardián en la Meseta Patagónica
Mientras escucho el audio que Pablo me manda desde la meseta, el viento se mete en la grabación. No hace falta nombrarlo… está ahí todo el tiempo, empujando la tela del domo, colándose entre las palabras. Pablo arranca contando su Navidad como si fuera la cosa más natural del mundo: “Navidad igual pasé acá con los tobianos”, dice, y sigue hablando. Hoy es el último día del año del 2025.
El Trabajo de Pablo Hernández
Pablo Hernández, miembro del equipo de la Fundación Macá Tobiano, llegó ayer a los domos ubicados al noroeste de la meseta del Lago Buenos Aires. Si bien está a unos 40 km de distancia, llegar hasta ese punto remoto en la meseta le implica unas 8 horas de viaje.
Pablo aclara que en realidad “ando dando vueltas hace un mes y algo”, recorriendo lagunas, resolviendo cosas de la fundación, viendo qué aparece. Ahora le toca arreglar el domo. “No está bueno que estén así”, explica, pero se las arregla como puede.
El año pasado lo solucionó con una lona, “una solución provisoria”, que no aguantó tanto. Esta vez volvió a improvisar con tablas y quedará “provisorio de por vida”, se ríe. Ya compró otra lona, “pero bueno, capaz llegue en febrero”.
Buenas Noticias y Observaciones
La voz de Pablo cambia cuando cuenta la buena noticia. Había bajado al pueblo a comprar maderas y cuando volvió pasó por las dos lagunas que está cuidando. “Los nidos están a full”, dice, y se le nota el alivio. Son lagunas bastante protegidas del viento, algo que lo tenía preocupado.
En una hay once nidos de macá tobiano y algunos Macá plateados dando vueltas; en la otra hay cinco nidos y “una pareja más que está armando plataforma nueva”. Cerca del domo, en otra laguna, había visto cuatro tobianos cuando cayó la noche. Hoy volvió a confirmar que “sí estaban armando plataforma” y en un rato más va a ir a chequear eso otra vez.
La Rutina y el Cuidado del Macá
Habla rápido, se corrige, se ríe solo. En un momento se frena y dice: “Hace rato no hablo con gente”. Se disculpa casi sin darse cuenta y sigue. El trabajo, explica, consiste básicamente en cuidarlos, en “estar casi todo el día en las lagunas”.
Como las otras dos están a cinco o seis kilómetros una de la otra, no puede quedarse siempre en una sola. “Voy un rato a una, después voy a la otra”. Lo principal es cuidar de las gaviotas y ver qué pasa. Después viene todo lo demás.
“Todo lo que se puede observar se anota en una libreta”, y después esa información se comparte con el equipo. Esos datos sirven para entender la biología y el comportamiento del macá y para que, cuando los huevos están en la incubadora, “se pueda replicar lo más parecido posible a lo que vemos en la naturaleza”.
También está atento a los rastros del visón americano, una especie exótica que amenaza al macá tobiano. “Si llega a haber visón, hay que salir de noche con linterna”, cuenta. Con las gaviotas pasa lo mismo. Hay que observar, anticipar, actuar si hace falta. Cuidar no es mirar de lejos, es estar ahí.
El Paisaje y los Quince Veranos
Hay días en los que le toca recorrer doce lagunas. Casi veinte kilómetros. “Es caminar, ver si hay macá, tomar los datos, censar toda la laguna, contar todas las aves”, dice, y anotarlo todo en la planilla. Así van viendo dónde se arman colonias nuevas y, cuando eso pasa, se instalan campamentos.
Entre laguna y laguna, el paisaje aparece sin esfuerzo en su relato. Cuenta “cómo la estepa va floreciendo”. Habla de insectos por todos lados, de las lagartijas que salen cuando hay días de sol, de otras aves que también tienen pichones muy chiquititos. “Todo lo que hay acá, todo lo que rodea a este ambiente”.
Empezaron en 2010, recuerda, con las primeras campañas. Desde entonces, “todos los veranos sigo viniendo para acá”. No sabe bien por qué, dice. Y cuando le pregunto, se queda con la idea dando vueltas. “Es como que te nace hacerlo”, que desde que se generó un vínculo con el tobiano “es como que hay que hacerlo y no es que venga por plata o por nada”.
Nuestra charla le hace pensar y casi sin darse cuenta de “cómo pasa el tiempo”.

Fuente: https://elrompehielos.com.ar/quince-veranos-cuidando-al-maca



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